Real Fábrica de Municiones de Olaberri en Eugi

El paso de las centurias ha escondido bajo las hayas del bosque Quinto Real las ruinas de la fábrica de armas de Eugi. Fue en su momento, en el siglo XVIII, una Armería Real de 10 mil metros cuadrados con una población de 500 personas.

Con una estratégica ubicación en el pirenaico puerto de Urkiaga, a 9 kilómetros de la frontera con Francia y a 8,5 kilómetros de Eugi, fue instalada en 1766 bajo el nombre de la Real Fábrica de Armas de Eugi.

Su construcción se adaptó al talud de la montaña y llegó a reunir en sus espacios carboneras, hornos, moldería, talleres de calibrado, limpieza de municiones y otras actividades, articuladas en tres líneas paralelas de construcciones a distinto nivel. Para la fecha de su destrucción por los cañones franceses en 1794, tenía canalizaciones, puentes y una zona destinada a viviendas para los operarios.

Para recorrer las ruinas, se puede contar con los servicios de una visita guiada. El acceso es gratuito.

Nuevo modelo

La fábrica de armas de Eugi responde al nuevo concepto de la industria de la línea reformista de los ministros de Carlos III, las “Fábricas”. Estas eran un conjunto de diferentes dependencias que se destinaban a un tipo único de producción. Su propiedad, en muchos casos, pasó de manos particulares a las manos del Rey.

Dentro de la fábrica de Eugi llegaron a vivir unas 500 personas. Las instalaciones contaban con escuela, iglesia y médico. Los primeros operarios de esta fábrica fueron franceses, que llegaron con protección militar para evitar incidentes.

Se conservan las sanciones que se aplicaban a los operarios por causas como mal uso de las instalaciones, escándalos, jaranas y apuestas en horas nocturnas. Los trabajadores tenían duras condiciones de vida, provocadas por los bajos salarios que recibían, sumado al poco suministro de alimentos motivado a las difíciles condiciones del transporte.

La producción

La principal producción de la fábrica de Eugi era la munición de cañones, armas ligeras de hierro, fundición de bombas y balerío de diferentes calibres.

Las balas de cañón que se realizaban en Eugi eran bolas redondas de hierro, de diferentes diámetros y calibres. Algunas de ellas contaban con un orificio donde se alojaba pólvora prensada.

Algunas de esta balas o pelotas han sido conservadas por vecinos de la localidad en sus casas. Podían ser recogidas en el río, ya que la corriente las arrastraba.

Un dato curioso es que antiguamente usaban estas balas para hacer la cuajada. Se calentaba la bala y luego se arrojaba en la leche, lo que precipitaba su calentamiento.

Triste fin

Las ruinas de la fábrica de armas de Eugi están consideradas en la actualidad como una importante muestra de la arqueología industrial del siglo XVIII. Hasta fines de ese siglo, funcionó a pleno rendimiento.

En octubre de 1794, tropas francesas llegaron hasta ella en medio de la Guerra de la Convención. La batalla, que dejó un saldo de más de 200 muertos, trajo como consecuencia el desmantelamiento de la fábrica. Ya para 1843, un informe detalló su estado ruinoso y se abandonó definitivamente.

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